2010/04/03

Camagüey Universal




Ciudad de las Iglesias  ( Patrimonio Cultural de la Humanidad )

                          

Considerar que una ciudad pueda estar integrada por un conjunto de ciudades pudiera parecer absurdo o simple parodia de una realidad urbana, mas lo cierto es que dentro de toda ciudad conviven áreas y espacios cuya expresión revelan con nitidez momentos o etapas del crecimiento o expansión del área urbanizada.
Para quienes se han aproximado a la historia de Camagüey con el ansia de aprehenderla en su totalidad, de reconocer cuanto de extraña y de auténtica tiene en relación con otros centros urbanos, resulta transparente que esta es una urbe en la que coexisten muchas ciudades; cada una de las cuales está claramente definida por bordes o límites físicos y es que, aunque de mayor sutileza y sustancia cultural, se trata de espacios que han devenido fruto de un modo de pensar y entender la vida en correspondencia a los diferentes tiempos históricos que, desde 1514 pesan entre los ríos Tínima y Hatibonico.
Existe así, la ciudad total, el Centro Histórico —declarado patrimonio nacional en 1978— y el núcleo primigenio. La distancia entre lo urbano y lo rural varía en relación con los principios que se tomen como referencia.
¿Qué área y qué razones han hecho que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en la trigésima segunda reunión de su Comité del Patrimonio Mundial, celebrada en Canadá recientemente, declare a La ciudad de las iglesias de Camagüey como Patrimonio de la Humanidad?
Basta andar por su laberíntica traza urbana, de eje en eje, de espacio en espacio o, si elevamos el rostro, de torre en torre; para admitir que esta es una encantadora urbe. Enigmática, en tanto no se olvidará fácilmente o tal vez nunca, y no precisamente porque se muestre monumentalmente bella al estilo de la Habana Vieja o la dormida Trinidad de Cuba; y mucho menos porque pretenda aproximarse a la neoclásica Cienfuegos, por citar los tres núcleos urbanos de Cuba declarados anteriormente Patrimonio de la Humanidad.
Esta es sin dudas una ciudad diferente, pero solo porque exclusivas fueron las coordenadas que acompañaron a sus hijos a lo largo del tiempo, hombres y mujeres que heredaron una hidalguía tan indiscutible que apenas requirió de blasones y escudos nobiliarios que le legitimaran; un cristianismo de tan elevada fe que, sin proponérselo, terminaron, generación tras generación, por legar al mundo, no un universo arquitectónico homogéneo en lo doméstico, lo civil, lo administrativo y lo religioso, sino una configuración de un sistema de templos capaces para no perder un ápice del mundo cosmogónico que rigió sus vidas hasta bien entrado el siglo XIX.La ciudad del XVIII con extensión a zonas del XIX, es la evidencia de una vida que no tiene sentido sin ser bautizado, confirmado, matrimoniado y sepultado en el templo parroquial; cuando no se consideraron calles reales sino las que servían de comunicación entre sus iglesias –generalmente por las puertas secundarias.

La ciudad de la que se habla es la almendra inicial, la delimitada por los templos católicos de La Soledad, La Merced, La Catedral, San Juan de Dios y Sagrado Corazón de Jesús, área que no ha podido dejar fuera a la resonancia de esa experiencia cultural única de nacer o vivir en Santa María del Puerto del Príncipe y, por ello ha terminado por abrazar a Nuestra Señora del Carmen con el aledaño Convento de las Ursulinas.
Esta es una zona que no ha dejado de latir durante casi cinco siglos y por ello sobre su sólida base, se ha enriquecido desde la modernidad, mas sin perder la patina del tiempo. Pobladores y espacios urbanos arquitectónicos siguen subrayando la camagüeyanidad atesorada en plazas, plazuelas y parques; en cada esquina, en cada palabra, y hasta en el modo de asumir lo foráneo.
Esta es la filosofía que pese a la “modernidad” se respira en el área del centro histórico declarada Patrimonio de la Humanidad. Una zona de incalculable valor acaba de ser inscrita dentro del testimonio de la cultura universal, un área que desborda el siglo XVIII para ratificar una condición de alcance mayor como La ciudad de las iglesias, corroborarlo puede ser posible en cualquier instante del año, pero preferiblemente en Semana Santa, festividad durante la cual el Santo Sepulcro, gigantesca pieza de la orfebrería dieciochesca, recorre una porción del área.
Sin ese emporio de iglesias y plazas que marcan la imagen del Camagüey el testimonio cultural sería muy diferente y por tanto valga el reconocimiento del bien patrimonial como homenaje a los que en ella se dieron cita a lo largo de estos largos años; a su resistencia y capacidad para dialogar con su tiempo debemos esta joya del patrimonio cultural. Conservarle en su extensa pluralidad será un reto de por siempre.

Iglesia de la Catedral

Es el primer templo o iglesia Parroquial Mayor de la antigua villa de Santa María del Puerto del Príncipe. Tuvo su último emplazamiento hacia 1528 al extremo norte del espacio donde hoy se halla ubicada. La primera información conocida que se tiene acerca de su arquitectura en 1544 refiere que se hallaba construida de piedra una sección o parte de la misma.
En 1616 fue destruida por un incendio.
Desde 1617 fue reconstruida en el lugar donde hoy se ubica la actual Catedral. En 1756 fue visitada por el Obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz quien la describe. Su arco de triunfo así como el Escudo de Armas Reales, los cuadros colgados de las paredes, varias lámparas de plata y las silla del prelado con finas talladuras.
En sus inicios fue iglesia uninave con dos cuerpos muy anchos y desproporcionados para su torre en cuya segunda sección se ubicaban cuatro campanas. Originalmente contó con cinco altares.
Poseyó un cementerio antiguo ubicado entre la capilla del rosario y la calle de Candelaria. En 1820 fue suprimido el mismo y construido un atrio hacia la Plaza Mayor.
En 1845 por vez primera se recomendó la construcción de una nueva iglesia con tres naves debido a su avanzado estado de deterioro, desde 1832 el altar antiguo donde estuvo colocada la Patrona Titular de la villa Nuestra Señora de la Candelaria sufrió desplome.
En la cuarta década del siglo XIX el Ayuntamiento de Puerto Príncipe sugirió la composición general del edificio por lo cual en junio de 1860 el templo fue cerrado tomadas en cuenta las sugerencias del arquitecto municipal y el comandante de ingenieros Juan J. Marín. El arquitecto municipal Dionisio de la Iglesia en su proyecto de la obra consideró la formación de las dos naves laterales, eliminar las dos capillas y el bautisterio, así como, realizar una cornisa sobre el techo de azotea de las dos naves para cubrir las vistas por ambos lados, entre otros detalles. El 2 de febrero de 1864 fue reabierta al público.
 
Teatro Principal

Esta obra fue realizada por el ingeniero militar español Don Juan Jeréz Arreaga inaugurada el 2 de febrero de 1850 con una presentación de la Ópera Italiana "Norma" de Federico Bellini interpretada por la compañía de José Miró. Por su escenario desfilaron figuras de fama mundial entre ellas el tenor Enrico Carusso.

Originalmente presentó una belleza decorativa especial, su lunetario realizado todo en madera y su magnífico escenario de excelente acústica. Estos y otros detalles confirieron a este teatro muchos elogios de diferentes figuras, por lo cual fue considerado uno de los más importantes en la isla.

En 1920 fue borrado en su totalidad su magnífico esplendor arquitectónico y decorativo por un incendio, y fue reinaugurado seis años más tarde. En esta remodelación entre otras cosas se le incorporo un portal de acceso el cual fue demolido en la realizada en la década del 70. En esta se rescató el exterior y el vestíbulo y se modernizo todo el interior. En julio de 1977 fue inaugurado nuevamente, esta vez por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

La entrada está enmarcada con arcos de medio punto y vitrales de colores que dan acceso tanto al primer piso como al balcón. Los cinco arcos de la fachada tienen rejas de diseño al estilo colonial; las de los extremos son fijas y las centrales de hojas abisagradas. Las escaleras son terminadas en granito con barandas de balaustradas del estilo colonial, por lo que se evidencia que tanto la fachada como el vestíbulo conservan su primitivo aspecto colonial.

En la actualidad es la sede permanente de la compañía de Ballet de Camagüey.
 
Plaza de los Trabajadores

. Este espacio urbano surgió en el siglo XVII con motivo de la construcción de la primitiva ermita y convento de Nuestra Señora de la Merced. Constituye un caso excepcional por formar una especie de triángulo el cual permite el acceso por cada uno de sus ángulos. Forma una de las tres primeras plazas de la antigua villa de Santa María del Puerto del Príncipe.

A principios de la república neocolonial fue realizado al centro del espacio un pequeño parque plantándose al centro una ceiba rodeada de una verja de hierro la cual se conserva en la actualidad

Esta plaza ha devenido a través del tiempo en escenario de hechos históricos, culturales, comerciales y otros. En octubre de 1959 fue visitada por el Comandante de la Revolución Camilo Cienfuegos, posteriormente desaparecido.

En la actualidad se conserva el bello edificio sede de la antigua Sociedad Popular Santa Cecilia y su teatro nombrado en homenaje de recordación del pueblo camagüeyano a su promotor, el Dr. Ramón Virgilio Guerrero. Desafiando el tiempo se conserva la casona construida a finales del siglo XVIII donde nació el 23 de diciembre de 1841. El Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz.


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